Duelo y aflicción, el proceso. Por Clr. Magdalena Evans Civit

 

Duelo y Aflicción

Este proceso tiene lugar cuando nos enfrentamos a una situación de pérdida, como la muerte de un ser querido, la ruptura de una pareja, la pérdida de un trabajo, entre otros innumerables casos. En él intervienen gran cantidad de sentimientos: aflicción, pesar, ansiedad, apatía, decepción, rabia, tristeza y desesperación, entre otras emociones muy dolorosas y agobiantes.El Psicoanalista Sigmund Freud, en su trabajo “Duelo y Melancolía” expresaba lo siguiente:- “El duelo es la reacción frente a la pérdida de una persona amada, o de una abstracción equivalente, como la patria, la libertad, un ideal, etc.”-

La persona que  duela siente desinterés por el mundo exterior, una fuerte apatía y desgano, inhibiciones a nivel físico y/o psíquico, aflicción del ánimo, y por supuesto, mucho dolor psíquico, dolor del alma, ese que nos atraviesa de lado a lado sin preguntarnos si queremos vivirlo. La disminución de la energía vital se explica por la entrega total de la persona al proceso de duelo, en el cual el individuo en cuestión debe adaptarse a una nueva realidad sin la presencia de su ser querido, con el gran esfuerzo psíquico que esto conlleva, y aceptar la nueva situación, lo cual demanda un gran esfuerzo, y de allí el “fuerte desgano” que presentan la mayoría de los casos.

Antes que nada, debo aclarar que el proceso del duelo con todos los sentimientos sumergidos en él es completamente normal. No debemos asustarnos. Puede que haya momentos en que nos sintamos consumidos por la aflicción, temerosos de no poder recuperarnos más. Pero debemos recordar que todo esto es parte de la reacción a nuestra pérdida, parte del proceso de elaboración de la misma. Detesto decirle esto a mis pacientes, pero primero tendrán que ser conscientes de su dolor y sentirlo a fondo, para recién después poder superarlo y seguir adelante.

Siguiendo la teoría de la Dra. Elizabeth Kubler Ross, este proceso consta de cinco etapas, que por supuesto no son sucesivas, pueden superponerse entre sí, incluso puedes vivirlas todas en un mismo día.

 

1-La Negación: No queremos afrontar la realidad. Estamos bajo el efecto de un profundo shock emocional. La negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada. Es una defensa provisoria y luego será sustituida por una aceptación parcial.

2-La Rabia es la segunda fase de este proceso. Estamos afrontando la realidad y nos sentimos enfadados, con ira. Aquí surgen todos los ¿Por Qué? Nos sentimos heridos y abandonados, lloramos hasta el cansancio. Antiguos conflictos sin resolver con los padres, ex novios, etc., pueden resurgir en este momento.

3-El Pacto: Ante la penosa realidad y nuestra dificultad para afrontarla, intentamos llegar a un acuerdo para superar la vivencia traumática.

4- Depresión: Esta sobreviene como sensación de vacío, cuando ya no se puede seguir negando. La persona se verá invadida por una profunda tristeza, se debilita, adelgaza y aparecen otros síntomas. Nos sentimos vulnerables Es un estado temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad.

5- Aceptación: Quién ha podido atravesar las etapas anteriores, expresando sus sentimientos de dolor, puede muy de a poco empezar a tratar de recomponer su vida. Se contempla ahora el próximo devenir con más tranquilidad. La situación de pérdida ya no ocupa todo nuestro espacio mental, la vida vuelve a tomar su lugar, y luego, sobrevuela la Esperanza…

Todo esto es un proceso, único e irrepetible para cada persona en particular. No existen recetas mágicas ni tiempos preestablecidos para dar final al mismo. Lo que sí podemos hacer es tratar de pasar por esta etapa con mas herramientas a nuestro alcanze para hacerla más llevadera.

¿Cómo sobrellevar da la mejor manera posible un proceso de duelo?

-Es de extrema importancia ser plenamente conscientes de todos los sentimientos y sensaciones que esta pérdida despierta en nosotros. Debemos permitirnos sentir el dolor, sin reprimirlo, respetando nuestro propio proceso.

Podemos enfrentar estos sentimientos y conocerlos bien para que paulatinamente su intensidad vaya disminuyendo. Debemos tener en claro que no durarán para siempre. El dolor y la aflicción tienen su propio ritmo, es inútil y hasta contraproducente forzarlos. En lugar de eso, hemos de aceptar esos sentimientos siempre que aparezcan, hacerles lugar dentro de nuestra emocionalidad, sin asustarnos ni pelear contra ellos. Tengamos en claro que si nos quedamos atrapados en la fase de la negación, nos veremos permanentemente acechados por el pasado.

-Es importante en este proceso recurrir a una red de apoyo (ya esté conformada esta por un terapeuta, amigos y/o familiares) en pos de sustento emocional. Esto nos ayudará a canalizar mejor nuestras emociones, considerando desde luego que el hecho de tener un testimonio que siga nuestra experiencia con el dolor y la tristeza hacen que este proceso adquiera un significado mucho mayor y trascendente. Por supuesto también podemos llorar y sentir a solas, aprendiendo a calmarnos y consolarnos a nosotros mismos.

-Podemos expresar nuestros sentimientos a través de ejercicios de creatividad, como pintar, escribir, o a través de la música.

-Podemos escribir una carta de despedida a nuestro ser querido, sin guardarnos nada, ni lo bueno ni lo malo. Esto último constituye un ritual muy liberador y sanador.

-Hacer caminatas, ya que el ejercicio físico ayuda a liberar tensiones, mientras nos ayuda a descargar la ira contenida.

 

Y por sobre todas las cosas, recuerda tenerte mucha paciencia, respeta tus propios tiempos y mímate mucho.Trata de buscar ayuda, y recuerda siempre que al fin y al cabo del dolor siempre saldremos fortalecidos.

 

Clr. Magdalena Evans Civit

 

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